sábado, 6 de julio de 2019

Un hotel o una casa de putas

¿Un hotel o una casa de putas?

Un hotel. Esto es un hotel, sentencia orgullo O Bradoiro mientras pasa una sucia y maloliente bayeta amarilla por el mostrador de la barra del puticlub, donde varias putillas semidesnudas y en lencería cuchichean entre ellas sobre la nueva puta que las está dejando sin clientela porque es mucho más joven y las tetas que lleva no son suyas sino operadas, como si las de ellas fueran naturales... susurra a mis espaldas el etniano botones Sacarino.

La licencia de apertura del ayuntamiento que hay presidiendo la estancia me saca de dudas: Hotel Casa Manola, S.L.U.

Es un hotel pero a tiempo parcial añado yo, ya que Casa Manola funciona como hotel desde mediados de junio hasta mediados de septiembre que la ocupación es casi del 100%. Incluso los niños de O Bradoiro y sus tres mujeres putas salen esos tres meses del edificio para dejar sitio a los villanos mesetarios de la villa de madrín, que reservan sus vacaciones todos los años en la misma casa de putas. Salvo el bar del hotel, que sigue siendo un bar de putas durante todo el año.

¿Y qué hace O Bradorio con las putas en temporada alta? Las aloja en su finca del pueblo y a diario las acarrea desde y hasta el putiferio, para que buenamente se busquen la vida como ellas puedan (en sus propias palabras) y sólo quedan seis habitaciones para que las chicas puedan trabajar en ellas, con lo que los clientes hacen fila metiéndole mano a las putillas en las escaleras hasta que alguno de los seis que hay follando, acabe y salga. La discreción en temporada alta es máxima, como puede verse.

¡Si gano más con los mesetarios en tres meses que con las putas en el resto del año! intentando convenceme que al puticlub al que llevo años acompañando a mi amigo JM no es un puticlub, sino un hotel familiar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario